Esta frase, que seguramente hemos escuchado en más de una ocasión, adquiere hoy un significado especial cuando la observamos desde la psicología social y el estudio de las redes de relaciones humanas. En particular, resulta especialmente reveladora cuando intentamos comprender cómo se construyen, se mantienen o se rompen los equilibrios dentro de un grupo.

Equilibrio, coherencia y relaciones sociales

Fritz Heider, psicólogo austríaco y una de las figuras clave de la escuela de la Gestalt, es ampliamente reconocido por su contribución a la psicología social a través de la teoría de la atribución. Sin embargo, fue también el autor de la llamada teoría del equilibrio social, en la que planteaba que las personas tienden a mantener coherencia entre sus actitudes, afectos y relaciones.

Según esta teoría, es habitual que una persona esté de acuerdo con alguien a quien aprecia y con quien mantiene un vínculo positivo, del mismo modo que tiende a discrepar de alguien que le resulta desagradable. Este comportamiento no es arbitrario, sino una forma de buscar estabilidad y coherencia tanto en nuestras relaciones como en la percepción que tenemos de nuestro entorno.

Otros psicólogos sociales de referencia, como Theodore Newcomb o Harold Kelley, ampliaron posteriormente las ideas de Heider y las aplicaron al ámbito de la comunicación. Sus trabajos contribuyeron a profundizar en el estudio de los procesos de atribución, interacción y, en general, en la comprensión de las relaciones interpersonales.

Dentro de la propia teoría del equilibrio, Heider formuló además que no todas las configuraciones de relaciones son igual de estables. Algunas estructuras sociales tienden de forma natural a mantenerse en el tiempo, mientras que otras generan tensiones que acaban provocando cambios o rupturas.

Cuando la teoría se observa en redes reales

Estas ideas fueron reforzadas décadas más tarde por un estudio de Michael Szell, Renaud Lambiotte y Stefan Thurner, publicado y difundido por el Imperial College London, titulado Multirelational organization of large-scale social networks in an online world. En él, los autores demostraban que en las relaciones positivas existe una mayor tendencia a la reciprocidad que en las relaciones negativas.

El estudio se basó en el análisis de las interacciones de más de 300.000 usuarios dentro de un juego online llamado Pardus. Se identificaron seis tipos de interacciones distintas. La comunicación, la amistad y el comercio se consideraron interacciones positivas, mientras que la hostilidad, el castigo y la agresión se clasificaron como interacciones negativas. Cada tipo de interacción conformaba una red propia y el conjunto de todas ellas daba lugar a una gran red social.

Algunas de las conclusiones resultaron intuitivas, pero nunca antes habían sido observadas a esta escala. Por ejemplo, se detectó un claro solapamiento entre las redes de comunicación y amistad, algo lógico si tenemos en cuenta que los amigos tienden a comunicarse entre sí. Por el contrario, no existía solapamiento entre redes como la hostilidad y el comercio.

Del mismo modo, cuando un jugador solicitaba la amistad de otro, esta era habitualmente correspondida. Sin embargo, cuando un jugador declaraba a otro como enemigo, la acción no solía ser recíproca, lo que debilitaba la relación y afectaba a la estabilidad general de la red.

Estos patrones de interacción ponen de manifiesto que las atribuciones individuales y la naturaleza positiva o negativa de los vínculos son factores clave en la estabilidad de una red social. Son estos vínculos los que la refuerzan o la debilitan con el tiempo.

Por qué buscamos el equilibrio

En el fondo, buscamos situaciones de equilibrio porque nos resultan más cómodas. Estas se producen cuando estamos de acuerdo con un amigo o cuando discrepamos de alguien que nos resulta antipático. De ahí que sea más habitual asumir que el amigo de mi enemigo es también mi enemigo, y menos frecuente considerar enemigo al amigo de un amigo.

Buscamos el equilibrio porque nos resulta más cómodo.

La necesidad de coherencia y equilibrio no solo explica muchas de nuestras decisiones individuales, sino que también ayuda a entender cómo se organizan y evolucionan las redes sociales, tanto en el mundo físico como en los entornos digitales.