El concepto de affordance fue presentado inicialmente por el psicólogo James Jerome Gibson en 1977. Ese mismo año, Robert Shaw y John Bransford publicaron el libro Perceiving, Acting, and Knowing: Toward an Ecological Psychology, que incluía el capítulo de Gibson titulado The Theory of Affordances.

En este trabajo se recogía por primera vez el concepto de affordance, que posteriormente Gibson volvería a desarrollar en su libro The Ecological Approach to Visual Perception. Incluso puede afirmarse que sus investigaciones previas en psicología de la percepción le permitieron madurar esta idea hasta articular una teoría propia.

Qué entendemos por affordance

Una affordance puede entenderse como el conjunto de acciones que una persona es capaz de realizar con un objeto de su entorno. Desde otra perspectiva, hace referencia a las propiedades de los objetos que invitan a la interacción o que facilitan su uso. También puede definirse como el conjunto de condiciones necesarias para que una persona interactúe con un objeto.

Hablamos, por tanto, de percepción, propiedades, contexto y entorno. Dependiendo del punto de partida, la definición de affordance puede variar ligeramente, pero siempre se sitúa en la intersección entre el objeto, la persona y la situación de uso.

De Gibson a Norman

En 1988, Donald Norman retomó el concepto de affordance y lo introdujo en el ámbito de la interacción persona-ordenador. A diferencia del planteamiento original de Gibson, Norman puso el acento en la necesidad de que las affordances fueran perceptibles para el usuario. Para Norman, el diseño debía hacer visibles las posibilidades de acción de los objetos y las interfaces.

En su momento consideré “disposición” como una posible traducción del término affordance, y sigo reafirmándome en ello. No se trata únicamente del objeto, de la persona o del entorno de forma aislada, sino de una combinación de todos estos factores, activada por una necesidad concreta.

Existe una disposición tanto del observador como del objeto y del entorno para generar una construcción que no es solo perceptiva, sino también cognitiva y emocional. Esta construcción permite otorgar reconocimiento inmediato, sentido y funcionalidad a aquello con lo que interactuamos.

Affordances invisibles y usos no previstos

Esta reflexión cobra especial sentido cuando pensamos en los usos no previstos de los objetos. Usos que no fueron anticipados por los diseñadores, que no son percibidos por todos los usuarios y que surgen como respuesta a una necesidad particular que altera el contexto o el entorno.

¿Podrían estas situaciones definirse como affordances invisibles, aunque el término pueda parecer contradictorio? Incluso podrían entenderse como nuevas disposiciones que emergen a partir de proyecciones imprevistas de affordances que hasta ese momento eran imperceptibles.

En el ámbito de los objetos físicos es fácil encontrar ejemplos de este tipo de comportamientos. Sin embargo, cuando pensamos en interfaces digitales, el abanico parece reducirse considerablemente. Tal vez porque los significados y la percepción de los elementos que diseñamos suelen estar demasiado ligados a situaciones muy concretas.

¿No será que nos estamos cerrando en exceso y trabajamos con interfaces rígidas, difíciles de adaptar a nuevas percepciones, entornos o contextos de uso?

Comportamientos intuitivos y diseño

Jane Fulton Suri, desde IDEO, abordó esta cuestión bajo el concepto de Thoughtless Acts. A partir de su libro Thoughtless Acts?: Observations on Intuitive Design, recopiló numerosos ejemplos visuales que muestran cómo las personas interactúan con un mundo que no siempre está diseñado para ellas.

Estos comportamientos intuitivos pueden agruparse en distintos tipos:

  • Reacting: interactuamos de forma automática con objetos y espacios que encontramos.
  • Responding: ciertas cualidades o características nos inducen a comportarnos de una manera determinada.
  • Co-opting: aprovechamos oportunidades presentes en nuestro entorno inmediato.
  • Exploiting: sacamos partido de cualidades físicas o mecánicas que comprendemos.
  • Adapting: alteramos el propósito o el contexto de las cosas para alcanzar nuestros objetivos.
  • Conforming: aprendemos patrones de comportamiento observando a otros dentro de nuestro grupo social o cultural.
  • Signaling: transmitimos mensajes y señales tanto a nosotros mismos como a otras personas.

Observar estos actos aparentemente triviales nos permite entender mejor cómo emergen nuevas affordances y cómo el diseño puede facilitar, o limitar, la aparición de usos no previstos.